Morena: la caja de Pandora
El partido oficialista creció tan rápido y de manera tan desordenada que ahora es imposible ejercer controles
Más allá de la innegable popularidad de nuestra presidenta ―somos un país presidencialista que, por lo general, otorga altas calificaciones a los titulares del Ejecutivo solamente el caso de Peña Nieto desentona en ese sentido―, lo cierto es que Shienbaum está librando las inagotables batallas que requiere el difícil arte de gobernar. Solamente en una mente cerril como la de López Obrador se albergaba la ocurrencia de que 'gobernar no tiene mucha ciencia'. El resultado de pensar así es la herencia que tiene que administrar la primera presidenta de México: un problema tras otro y sin dinero que ayude a resolverlos.
Gran parte de las complicaciones con los que tiene que lidiar la presidenta tienen un origen claro: Morena. Es desde ese movimiento político que se generan casi todos los problemas que se le presentan a Sheinbaum. Son de distinto gramaje y van desde vicios políticos rancios como corruptelas, nepotismo, arbitrariedad, ignorancia de la ley, improvisación como forma de gobierno, hasta casos mayúsculos como son los de destacadas figuras del movimiento vinculadas con el crimen organizado. Si el año pasado el verano fue agobiante para Sheinbaum por las demostraciones de excesos y frivolidad que se multiplicaban geométricamente, parece que esta temporada se la tendrá que dedicar a otros de sus compañeros que están señalados por la justicia estadounidense, personajes que han jugado un papel relevante en el partido.
Morena creció tan rápido y de manera tan desordenada que ahora es imposible ejercer controles. En la composición de ese partido solamente importaba ganar a toda costa, por lo que sus fundadores no se dieron a la tarea de organizar su vida interna, de contar con una forma de dirimir sus diferencias. Como buen movimiento que gira en torno a un caudillo, todo dependía de López Obrador: desde una política pública hasta una candidatura y, por supuesto, la vida política de cada uno. Una mirada de extrañamiento, un desconocimiento público por parte del dirigente era la muerte en vida. Se fue el líder y con él la solución a los conflictos.
Morena se ha convertido en la caja de Pandora: un espacio del que salen todos los males. En un inicio se pensaba que López Obrador sería el quebradero de cabeza de Sheinbaum, pero hasta el momento no ha sido así. El problema es el desastre que dejó el personaje. Hace unos días López Obrador publicó una carta con un posicionamiento político. Un texto francamente ridículo. La repercusión fue escasa. Para aquellos que pensaban que el expresidente seguiría teniendo un peso enorme en la opinión pública, su última epístola indica claramente que su tiempo ya pasó y que para los mexicanos es un expresidente más. El heredero que dejó impuesto en Morena resultó ser un tóxico inútil que no hará más que generar complicaciones y acumular desprestigio.
La presidenta tiene en Morena los problemas, no las soluciones. Tendrá que encontrar soluciones sin importar sus niveles de popularidad porque bien reza el dicho: las encuestas reinan, pero no gobiernan.
 
Fuente: https://elpais.com/








LAS MÁS VISTAS