Los científicos se han sumergido casi 3.000 metros bajo el hielo
El hielo ártico, debido a su sensibilidad, permite analizar el comportamiento del clima global y los ciclos de deshielo.
La Antártida es uno de los lugares más fascinantes de la Tierra. Con una superficie cubierta de hielo durante la mayor parte del año, es el cuarto continente más grande del planeta. A pesar de su tamaño, no tiene población permanente, ya que su clima extremadamente frío (las temperaturas oscilan entre los -10 ºC y los -30 ºC) y seco (el nivel de precipitaciones rara vez supera los 200 milímetros anuales) hace que sea muy difícil vivir en él. No obstante, hay gente que vive en la Antártida, pero lo hace por tiempo limitado y por trabajos de investigación y conservación.
En la Antártida se encuentra el 90 % del hielo de la Tierra, así como el 70 % de las reservas de agua dulce, y a través del Tratado Antártico, el territorio está dividido en diferentes sectores administrados por países para llevar a cabo las investigaciones. Pero si el territorio está helado, ¿qué es lo que logran los investigadores estudiándola? Pues varias cosas, como monitorizar la capa de ozono (debido a la pureza del aire), observar el espacio, aprender de los organismos que han conseguido adaptarse con éxito al frío extremo y saber más sobre el cambio climático.
 
El hielo ártico, debido a su sensibilidad, permite analizar el comportamiento del clima global y los ciclos de deshielo. Las porciones de hielo que analizan los investigadores revelan la composición de la atmósfera terrestre de hace miles de años. Uno de los proyectos más importantes sobre el tema es EPICA, que pretende estudiar el pasado para predecir el cambio climático. Recientemente, EPICA llegó al final de su descenso tras años de perforación.
 
Una franja enigmática de 212 metros de grosor
El Proyecto Europeo de Muestreo de Hielo en Antártida (EPICA, por su acrónimo en inglés) es un proyecto común entre la Comisión Europea y la Fundación Europea de la Ciencia que busca, por medio del muestreo profundo de muestras de huelo en la Antártida, obtener información de los registros climáticos y atmosféricos para saber más sobre la variabilidad climática natural y de los mecanismos de cambios climáticos rápidos durante la última época glaciar.
En el marco de EPICA, el proyecto Beyond EPICA - Oldest Ice (el hielo más antiguo, en español), busca extraer y analizar el hielo más antiguo de la Tierra para reconstruir hasta 1,2 millones de años del clima y la atmósfera de nuestro planeta. Para ello, los investigadores han perforado 2.800 metros de profundidad en la Antártida hasta llegar el lecho rocoso en la zona de Little Dome C (uno de los puntos más remotos e inaccesibles de la Antártida Oriental).
 
En los últimos 316 metros, justo antes del fondo, el hielo dejó de comportarse como se esperaba. Gracias al experimento, se ha podido describir con detalle la base, la zona de contacto entre el hielo y el continente. Perforar es como una «máquina del tiempo», comparable a los anillos de un árbol, ya que cada estrato conserva la química de la atmósfera del año en que se formó.
 
Los investigadores descubrieron que a partir de cierta profundidad, aparece una franja enigmática de 212 metros de grosor en la que la estratificación desaparece y los cristales de hielo crecen hasta alcanzar varios centímetros. Y hay un detalle que los investigadores son incapaces de explicar: Las mediciones de conductividad eléctrica del hielo fluctúan de forma abrupta y sin un patrón que las relacione con la estratigrafía. El comportamiento es errático, y no se sabe por qué.
En los últimos metros, antes de la roca madre, se recogen escombros, grava y sedimento subglacial arrancados del lecho rocoso y atrapados en el hielo desde hace mucho tiempo. Estas muestras son poco habituales, ya que llevan milenios sepultados bajo casi tres kilómetros de hielo.
El proyecto Beyond EPICA cuenta con la participación de expertos de 12 instituciones y 4 organizaciones externas en diez países europeos. Está coordinado por el profesor Carlo Barbante, de la Universidad Ca&rsquo Foscari de Venecia y el Instituto de Ciencias Polares del Consejo Nacional de Investigación de Italia (ISP-CNR), también en Venecia.
 
 
Fuente: https://www.nationalgeographic.com.es/








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